lunes, 6 de septiembre de 2010

NO A LOS INTOLERANTES


Como la mayoría de los elementos de mi generación, recibí una educación basada en unos valores que creo haber mantenido a lo largo de mi vida. Dichos valores siempre giran alrededor de virtudes que hacen que la participación de uno en la sociedad sea constructiva y positiva, siendo uno de ellos la tolerancia.
Creo que he sido toda mi vida digno del calificativo "tolerante". Jamás he sido racista. He aceptado críticas y he respetado siempre las posiciones contrarias a mí y las distintas opiniones. Me he ajustado a las normas. He respetado las jerarquías existentes allí donde fui y he sido disciplinado. Como buen aragonés, siempre he sido muy muy cabezón, con lo que conseguir todo lo anterior siempre cuesta un poquito más y tiene algo de mérito.
Últimamente (igual es que me hago mayor) me doy cuenta de que mi grado de tolerancia hacia ciertas actitudes ha disminuído sensiblemente. No es preocupante, ya que aún no he discutido seriamente con nadie ni he intervenido cuando he presenciado dichas actitudes, pero sí que mi semblante cambia seriamente y si alguien se fija en él, notará que se me reconcomen los hígados.
Por eso, cada vez que veo a un criajo no levantarse de su asiento del autobús para cederlo a un abuelo o una mujer embarazada, ver niñas musulmanas acudir al colegio con su pañuelo, obligando a cambiar las normas establecidas sin integrase en el país que les ha acogido, cuando precisamente en sus lugares de origen no pueden presumir de ejemplos de evolución, o cuando los separatismos (especialmente los catalanes) no paran de insultar y echar espumarajos contra España (o sea, contra mi país), no puedo evitar sacar el colmillo y tener que contar hasta 10 para no cagarme en sus muertos y en la bendita madre que los parió. Pero a todos éstos, les supera un colectivo que cada vez me da más asco, y ya no por lo que predican ( que me da exactamente igual) sino por su manera de actuar: los antitaurinos radicales. Alguna vez he expuesto mi postura sobre las corridas de toros y el mundo taurino en general. No me gustan los toros. Si por mí fuera, no habría nadie que se ganara la vida en ese negocio porque yo no gasto un duro en ellos. Sencillamente, me dan igual. Considero que el fin natural de ese tipo de festejo lo debería marcar la propia inercia, que con el tiempo dejara de ser rentable y que poco a poco desaparecieran porque han perdido el interés. Punto final. Y eso es muy distinto a ver grupos de gente insultando, agrediendo y provocando. Boicoteando ferias y amargando la existencia a gente que opina distinto a ellos. Imponiendo su criterio sin respetar lo más mínimo tradiciones y sentimientos, por no hablar de negocios, formas de ganarse la vida y economías de las que vive muchísima gente. A esta banda se les ha unido la más repugnante de las clases sociales: los políticos catalanes, que en una afán de populismo barato y clara provocación separatista decidieron cargarse las corridas de toros en sus territorios, sin tener en cuenta lo más minimo a la cantidad de personas a las que les han jodido la vida y sin prever las consecuencias a más largo plazo que estas concesiones pueden traer, ya que esta cuadrilla de intolerantes antitaurinos no van a conformarse sólo con ésto, simplemente porque de hacerlo, perderían su razón de ser.
Es por todo esto por lo que cada vez mi tolerancia se va recortando más y más. Como he dicho, siempre he sido tolerante, pero no soy de los que pone la otra mejilla a la espera de que me den otra hostia. Así que si veo que no puedo luchar contra ellos, no me quedarán más cojones que unirme a mi enemigo y convertirme en un intolerante más, porque parece que son los que más influecia tienen, los que más objetivos consiguen y a los que mejor futuro se vislumbra. Creo que estoy a tiempo, pero si esto sigue así, no respondo...

3 comentarios:

alcorze dijo...

Coincido contigo en bastantes cosas de las que comentas y, sobre todo, en tu forma de pensar sobre la tolerancia.

Aunque hay temporadas en que nos tocan más los cojones y nos ponen de mala ostia hay que mantener la calma y no reblar.

Un saludo!!

sonia dijo...

Estoy de acuerdo con muchas cosas que dices. A mí también me revientan mucho estos temas, pero como dice Alcorze, debemos mantener la calma aunque anda que no es difícil ni nada.

Angelillo dijo...

Creo que está claro: con más respeto al prójimo y educación no sería necesario prohibir tanto. Estoy absolutamente de acuerdo contigo en el tema taurino: seguro que en 20 años estará cerca de extinguirse, por la propia educación de la gente (las corridas de toros, porque los encierros parecen estar cada día más fuertes). Estas prohibiciones no hacen sino el efecto contrario: dar fuerza a un negocio que cada vez está menos arraigado.

Un saludo!