sábado, 9 de enero de 2010

AÚN QUEDA ALGUNO


Es muy difícil, cada vez más, pero aún es posible y para mí supone algo entrañable encontrar alguno circulando por ahí. Esta semana iba con mi coche por los alrededores de un polígono industrial cuando me tuve que detener en un semáforo. A mi izquierda se detuvo un viejo camión de eje rígido, algo descuidado de chapa y pintura y con un ronroneo de motor ya poco usual. Al fijarme en él y reconocer que era un PEGASO, sonreí. No dejé de observarlo en ningún momento mientras el semáforo seguía en rojo (por un día no me cabreaba que ese disco en rojo no cambiara de una jodida vez). Al arrancar, ya no me quedó otra que verlo por el retrovisor, contemplando cómo se hacía cada vez más pequeño, más o menos como los recuerdos.
A diferencia de los coches de culto, como los 600 o los Minis, poca gente tiene un camión clásico en su garaje con el que dar una vuelta los domingos. Los que todavía mantiene su viejo Pegaso es porque aún lo están "estirando" y exigiéndole servicio, como toda la vida.
Hacemos un poco de historia: Aquellas inolvidables máquinas eran construídas por la Empresa Nacional de Autocamiones (ENASA) y se ocuparon casi en exclusiva del transporte de mercancías en nuestro país. Disponían de una buena tecnología y aunque siempre se hablaba de que eran menos potentes que sus competidores foráneos, estaban perfectamente adaptados a las carreteras y orografía de nuestro país, montando suspensiones, chásis y reglajes muy acordes con ellas. Se fabricaron también autobuses y furgones, así como unos exquisitos y exclusivísimos deportivos durante los años 50, hoy objeto de culto y con un elevadísimo valor de colección. Así hasta 1995, cuando ENASA fue adquirida por IVECO, poniendo fin a la marca PEGASO como tal y comenzando a fabricar los camiones de la marca italiana.
Sin duda, con la desaparición de los míticos camiones españoles, se perdió parte de nuestra identidad en lo que a la industria y cultura rutera se refiere. En la estampa de una carretera nacional cualquiera siempre nos viene a la mente una serie de coches con uno o dos Pegasos circulando y el toro de Osborne de fondo. Por eso, y como decía al principio, encontrar uno funcionando (aunque esté desvencijado y con la carga a punto de caer) me hace sonreir y capta durante todo el tiempo posible mi mirada, con la nostalgia que produce el haber perdido algo que te pertenece aunque nunca haya sido tuyo.

3 comentarios:

Angelillo dijo...

Yo vivo cerca de la fábrica de Pegaso, de hecho mucha de la gente de mi pueblo son "pegaseros", vinieron a vivir aquí porque pusieron la fábrica aquí.
Una lástima que se vendiese, ya no queda industria española de nada: no fabricamos coches, ni camiones, ni televisores, ni ordenadores, nada que contenga mecánica o tecnología. Eso sí, pisos a cientos.

deuntrazo dijo...

Un nivel de aprecio bastante elevado para desear que un semáforo permanezca en rojo... Yo no los he vivido demasiado, pero si de ahora en adelante me cruzo con alguno lo veré con otros ojos :)

un saludo!!

Santi dijo...

Ví hace poco un seat 127... Mi padre tuvo uno cuando yo era pequeño. También me quedé hipnotizado. Era de color azul y parecía como puesto a drede en un puzzle que ya no le corresponde. Me hizo ilusión ver uno.