lunes, 13 de abril de 2009

EL EMPRESARIO PATRIO



Hoy en día, para casi todo lo que se puede hacer en esta vida hace falta un carnet, un título o una homologación. Todo está medido, fiscalizado y hasta para llevar un carretillo en una obra hace falta un curso. No obstante, si alguien quiere hacer algo sin titulación tiene tres opciones:


1.- Ser padre biológico: Ya sabemos el procedimiento. Una vez efectuado se te presenta el churrumbel y apáñatelas como puedas. Nada que ver con ser padre adoptivo. Ahí pintan bastos, y el que se anima ha de saber que tiene por delante toda una matraca de pruebas y demostraciones, aparte de tener que apoquinar una buena cantidad de pastizara.


2.- Político: Sin comentarios.


3.- Empresario: Pocos requisitos. Tener pasta o ser hijo o apadrinado de alguien que la tiene. El conocimiento, el saber hacer, la capacidad y todo lo demás queda en un segundo plano. Ni mucho menos es mi intención generalizar, pero hay empresarios y empresarios. El currante que se monta su empresa y se lo trabaja, generando riqueza y puestos de trabajo existe pero, a mi modesto entender, queda eclipsado por el otro. Aquel que le sobreviene el puesto, cuyas carencias quedan al descubierto a la mínima dificultad y tiene como único fin el putear a sus trabajadores para tapar dichas carencias. El que, en tiempos de crisis, pide el despido libre para crear más empleo (si esto se produjera en España habría ya 10 millones de parados por lo menos). El que desvía sus malas gestiones a sus subordinados, haciéndoles creer que realmente tienen ellos la culpa de todas las desdichas. El que no ha sabido administrar sus ganancias en tiempos felices para sobrevivir cuando éstos finalizan. El que no escucha, que se cree poseedor de la verdad absoluta sólamente por ser jefe. El que se considera el más guapo, el más alto, el mejor conductor, el más culto o el más listo cuando la realidad evidencia que cualquiera de sus currelas le supera en todo. El voceras, que jamás escucha a nadie salvo a sí mismo, y normalmente habla a grito pelado. El ladrón, cuyo afán consiste en reducir sueldos y gastos que no sean en él mismo. El perdonavidas que, gónadas mediante, se inventa problemas donde no los hay y busca responsables a los que empaquetarles el marrón para que, una vez resuelto, se llegue a creer el pobre enmarronado que él ha tenido la culpa y que, por su bien, eso no debe repetirse. El déspota que deja bien clarito que la empresa es su casa y ahí se hace lo que él dice y como él lo dice. El autoiluminado que se cree por encima del bien y del mal. El cocinero de lentejas, ávido de situaciones límite para sus trabajadores para soltar su mítica frase "... si quieres las comes y si no las dejas"...


Es seguro que habréis conocido a muchos de ellos, si no a todos. Pues como decía al inicio, para ésto no hace falta ni formación, ni cursos, ni homologaciones, ni Cristo que te lo crió. Está permitido que un elemento de éstos tenga bajo su dependencia a decenas o cientos de familias, y eso creo que no debería consentirse. No hacemos más que ver informes y estudios en los que explican cómo mejorar los resultados, optimizando recursos y , sobre todo, cuidando al personal. Está demostrado hasta la saciedad que aquello de estar en el trabajo horas y horas por estar, no lleva a ningún sitio, productivamente hablando. Que un mal ambiente va en contra de absolutamente todo, principalmente de la prosperidad de la empresa y que, con una preparación mínima y con conocimiento de humanidades, un gerente puede incrementar los resultados hasta límites insospechados. Pero no. El despotismo y el malhacer campan a sus anchas por el mapa empresarial patrio, con resultados tan apetitosos como el hecho de ser los protagonistas de la crisis más gorda de toda Europa, pues en ningún país del continente está habiendo la escabechina de parados que está habiendo aquí.


Hace poco leí que entre los políticos y los empresarios estaban las claves para solucionar la crisis. Vamos daos....

2 comentarios:

angelillo dijo...

Muy buen post, has clavado al empresario chanchullero español, a la PYME (Pésima y Mala Empesa) media española. Enhorabuena! De acuerdo contigo, si estos son los pilares del crecimiento (políticos y chanchullempresarios) mal vamos.

Santi dijo...

Pues sí, hay mucho "gilipollas" de éstos....