jueves, 25 de septiembre de 2008

EL "KARHU"

Corrían los años 80 y la adolescendia efervescía en mi. Tiempos en los que, probablemente, la personalidad y sus actitudes ante la vida se perfilan y van creando el ser humano que uno va a ser cuando alcanza su madurez. En aquella época (supongo que al igual que en la actual), la cantidad de influencias que un chico de 14 años recibía era enorme, de distinto calado y tendencia, y ahí era cuando ese proyecto de ser humano debía mostrar su fortaleza o debilidad, su capacidad de decisión, o la firmeza ante tal aluvión de ellas.

En ese contexto, por las circunstancias que me rodeaban - condicionadas, sobre todo, por el colegio al que iba y el ambiente que en él se respiraba - los chicos se preocupaban por llevar zapatillas de marcas americanas de las estrellas de la NBA (la hostia de caras), ropa de marcas nada baratas y por ser facha. A mí, ninguna de las tres me motivaba. De ahí que mi índice de popularidad estuviera en el montón (aunque seguro que de haber caído en ellas tampoco hubiera ascendido demasiadas posiciones), ni arriba ni abajo, y que no perteneciera a esa pequeña tribu, líder en mi citado entorno, lo cual me la traía floja. Por entonces ya corría gasolina por mis venas y compartía mi afición con alguno que otro que era como yo, no tenía problemas de amigos ni de integración, y prefería descubrir las canciones de QUEEN, KISS, AC/DC, IRON MAIDEN, etc. a ir por ahí cantando el "Cara al sol".

Con el tiempo descubrí lo que al principio comentaba: Mi personalidad se forjaba y era el germen de alguien que no es fácilmente influenciable y que siempre ha gustado de distinguirse y no seguir a la borregada. Tanto es así que el día que mi madre, tras varias semanas de darme la murga tratando de convencerme de sus maravillas, apareció con el célebre "Karhu" de mi talla, no me hizo ni pizca de gracia. El "Karhu" era un simple chubasquero de color azul marino con las mangas decoradas con unas bandas también de color azul en varios tonos, que hacía furor. Imprescindible en la indumentaria colegial de la élite. Luego resultó que, combinado con un gersecito debajo, el chubasquerillo cumplía en los duros otoños zaragozanos y cuando llovía ya era la repanocha; así que comenzó a ser mi prenda oficial. Afortunadamente para mí, el hecho de ir en un grupeto de camino al colegio donde la mitad íbamos con el mismo chubasquero, no me hizo desistir de su uso ni sirvió de estímulo para integrarme en aquel peculiar modo de identificación. Lo usaba, sin más.

Con todo esto me quedó la lección aprendida: No te condiciones por las tendencias de la mayoría sólo por ser lo que son; pero tampoco renuncies a algo que, aunque pertenezca a ellas, puede resultar un beneficio para ti.

4 comentarios:

elturolenseerrante dijo...

Hola amigo!!!

Lo primero felicitarte por tu blog, que leere poco a poco y con una cerveza en la mano (jejeje).

A mi me pasó algo parecido con los teléfonos móviles, cuando empezó la gente a llevarlos y los veía hablando con ellos por la calle más de una vez dije delante de mis amigos que yo NUNCA sería tan gil@#~@# de comprarme uno, y que en la vida me verían con uno.

Por supuesto que me tragué mis palabras y como todo el rebaño ya he tenido 3 o 4...

Saludos Mr me seguiré pasando a comentar tus opiniones!!!

Mr. Le Mans dijo...

Bienvenido cervezauta!.
Recuerdo que a mí me daba vergüenza hablar con el móvil por la calle. Me daba tan mala impresión ver a la gente hacerlo que yo me escondía en los portales si tenía que usarlo.
Yo también voy ya por el 3º o el 4º.
Saludos!

Heidi Metal dijo...

Es como leer la historia de mi vida!!!!!!jajajajaja, cuan identificada me siento con lo que has escrito, solo que a mí esto me pasaba una década más tarde.Ala, que ya quedan solo dos días para ver a los Europe otra vez jejejeje.
Un saludo

chubasqueroamarillo dijo...

estimado Mr.Le Mans
supongo que te alegrará saber que la marca karhu ha reeditado "El Karhu", este chubasquero del que tu nos hablas con tanta nostalgia

te paso la url para que tengas más información sobre este tema , lo mismo te apetece comprarte uno como el que tenías