viernes, 4 de julio de 2008

DIGNIDAD


La práctica totalidad de mi vida laboral ha ido ligada a una corbata. La razón única: imagen. El puesto que he ocupado ha requerido siempre una presencia formal acorde con la que la compañía busca, independientemente de mi manera de vestir, mis gustos o mi manera de ser. Así lo he aceptado siempre, así es y así debe ser.


Antes de ayer, todo este ideal se me fue a tomar por saco. Resulta que el ministro Sebastián debía tener calor y como autoridad que es, le salió de los cojones quitarse la corbata para la sesión en el Congreso... y se la quitó. Afortunadamente el Presidente Sr. Bono hizo que alguien le acercara una para, amablemente, invitarle a que se la pusiera.


Este indivíduo no se da cuenta que el cargo que ocupa tiene una dignidad que claramente le sobrepasa, y una de sus principales funciones es no desmerecerla. Un ministro no se puede nunca presentar en acto oficial (una sesión del Congreso lo es) sin la indumentaria formal que se debe... por obligación, ... por respeto!.


Llevamos ya tiempo en la España del "todo vale". Un profesor no puede imponer autoridad en una escuela, un nacionalista radical puede despotricar e insultar a gusto a todo lo que suene a español, los ciudadanos autóctonos deben someterse a las costumbres de los inmigrantes y no al revés... y ahora un ministro pasa de cumplir con la mínima norma de formalidad que atañe a algo tan sencillo de respetar como es la vestimenta adecuada.


Cualquier día le voy yo a mi jefe con la excusa que ha esgrimido él: que como soy un ecológico de la hostia y la corbata da calor, así podremos poner el aire acondicionado a 24 grados.

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