martes, 4 de marzo de 2008

EL DE LA PIERNA


Mi galería de personajillos queda inaugurada. Para tal acontecimiento he elegido a uno de los individuos más peculiares que han aparecido en los últimos años por el panorama televisivo: JORGE BERROCAL.

Este subresiduo de la sociedad saltó a la palestra en el primer Gran Hermano, aquel que todos seguimos con fervor. Además paisano!, qué guay! Al principio, lógicamente, se le da el voto de confianza que toda persona se merece (y más siendo de nuestra tierra). El chaval parece enrollado y el programa es entretenido y adictivo.
Pero ay!!!, resulta que una andaluza treintañera con más kilómetros que el baúl de la Piquer extiende sus redes y el pobre metopa cae en ellas cual sardinita desvalida. El chavalín se enamora perdidamente y empieza a perder el norte al mismo ritmo que la dignidad. Es imaginable que no ha tenido muchas incursiones en terreno femenino y queda a merced absoluta de su pescadora, quien sí aparenta tener las cosas bien claras y los objetivos bien definidos.
Pero llega el día. El climax de la vida de este pobre infraser. “La audiencia … ha decidido… que debe abandonar la casa….” Y suena el nombre de la susodicha. Se colapsa el pais, aparecen los lloros, las demostraciones de cariño y amistad eterna entre los concursantes…y nuestro amigo comienza su peculiar calvario, que le llevaría a la postre a lo que se convirtió. Es al poco de ese momento cuando suelta la frase que le hizo célebre, la que le ha colocado para siempre en el Olimpo del deshueve nacional del ámbito televisivo: “… quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza!!!!!!!!!, quien!!!!!!!!!!”…. Mítico, espectacular.
A partir de ese momento, su vida en la casa pasó por varias etapas: desde la plañidera constante hasta la que nos hizo creer que realmente estaba endemoniado. Fue cuando en Zaragoza se empezaron a ver los cartelitos por los bares y pubs con el teléfono para echarlo de una bendita vez, que ya estaba bien de que ese sujeto nos representara . Al final no aguantó más. Se piró para volver a los brazos de su amada e iniciar una vida de ridículos constantes en todos los platós de televisión y constantes y progresivas pérdidas de dignidad.

Creo que hoy se gana la vida de portero o chulo de discoteca por León, pero su paso por la historia, su página escrita queda ahí y será difícil olvidarla.

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